En la vida, nunca nada sale como nos proponemos. Planear durante meses un encuentro y que ocurra de la forma contraria. Mirarle a los ojos y que se te traben las palabras. No encontrar la forma de expresar lo que quieres. Pensar, que tras ese instante, tu vida se arruinará. Imaginar cada uno de los pasos que darás, las frases que pronunciarás, las respuestas que obtendrás, y que luego, todo aquello no se convierta en nada más que en una imagen mental. Sentir que te hundes.
Qué irónico, que los mejores momentos de la vida, los que más tarde recordarás y no podrás evitar sonreír como una idiota, son los que no planeaste. Son aquellos con los que chocaste de bruces, y que quizá, durante un instante, quisiste evitar. Son los que te dieron miedo al principio, y más adelante se convirtieron en tus favoritos.
Yo no sé vivir; estoy improvisando.
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